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domingo, 15 de marzo de 2015

QUE ES LA ZONA DE CONFORT?



La zona de confort es ese lugar mental en el que estamos a gusto con todo, y no pensamos en cambiar nada de nuestras vidas, Pero estar a gusto con todo, no necesariamente es bueno.

sábado, 21 de abril de 2012

LA EXPERIENCIA DE ESTAR DESPIERTOS

 
El despertar sagradoCuando hemos finalizado la primera etapa de nuestro proceso del despertar, entramos a una nueva fase, en donde ya no es necesario llevar un espíritu guerrero con nosotros y comenzamos a experimentar la paz y la tranquilidad que los cambios que hemos realizado, nos proveen, comenzamos a cosechar las semillas nuevas que hemos sembrado y pasamos de la ira la tranquilidad. Ya no es un momento de batalla, es un momento simplemente de SER.
Si en la primera fase experimentamos nuestra fuerza a través de los límites físicos, ahora lo hacemos a través de los límites psíquicos. Si en la primera etapa nuestra fuerza interior se basaba en nuestra capacidad de establecer límites y romper esquemas por la fuerza, ahora experimentaremos nuestra fortaleza interior a través de la paz. Si anteriormente liderábamos señalando y enjuiciando lo que no funcionaba, ahora lo haremos a través del ejemplo.
En esta segunda etapa nos esforzaremos más por sostener el equilibrio y la armonía en nuestra vida, por lo que rehuiremos los conflictos, evitando la confrontación, armonizando naturalmente con la energía que nos rodea.
Si en la primera etapa buscábamos “cambiar al mundo” ahora buscaremos “cambiar nosotros primero para que como consecuencia, cambie el mundo”.
Los niveles de sensibilidad son más profundos en esta etapa y si bien, en esta etapa ya no se juzga tan duramente a los demás, aunque si se puede caer en el no poder comprender “la falta de humanidad del hombre hacia el hombre y el planeta mismo”.
En esta etapa es prácticamente imposible sostener ningún tipo de violencia, sea real o ficticia (películas, noticias, t.v., etc.).
Al expandirse más los niveles de percepción, tendremos problemas al estar en sitios donde prevalezca el exceso, por lo tanto, evitaremos lugares donde haya mucho ruido, mucha gente, mucha luz, colores, emociones negativas en otros, olores, comidas, productos químicos, la ropa de fibra sintéticas, violencia, el dolor de otros, la conciencia de grupo, las frecuencias electromagnéticas, los destellos solares. Se perciben con creces todas las energías que los rodean. La sensibilidad hace que todo se “magnifique” haciendo esto abrumador para quien lo experimenta de esta forma. Por lo tanto, se tendrá la tendencia a evitar centros comerciales o lugares con demasiadas energías diferentes. Si el entorno es extremadamente intenso o violento,  tenderemos a retraernos y desconectarnos como forma de protección.
Al tener una mayor percepción de las vibraciones que nos rodean, entonces entramos en una mayor comunicación con el arte y la creatividad, no solo se disfruta cualquier expresión del arte, como la música, sino que cada nota se experimenta en todo nuestro ser.
Al entrar en mayor conexión con la compasión, el amor y la empatía, se va desarrollando mayores niveles de inocencia y pureza, falta de malicia, lo que muchas veces impide aceptar que muchas personas pudieran tener intenciones negativas o de dañar, lo que nos deja con cierta desprotección, sobre todo, en el tema de lo afectivo.
Se puede tener la tendencia a ocultar sus emociones por miedo a su amplificación y a la pérdida de control, por lo que se pudiera dar la impresión de ser impasibles o insensibles para las personas que les rodean.
Es posible también ocultar sus sentimientos por temor a ser lastimados, no comprendidos o rechazados.
Si bien, en este nivel es posible experimentar el amor y la alegría a grandes dimensiones, también experimentamos el dolor magnificado, por lo que, a modo de protección, cerramos nuestros sentimientos a los demás.
Una vez trascendido el miedo, se pueden lograr relaciones largas y profundas con las personas que ofrecen amor incondicional.
Dentro de este proceso comenzamos a equilibrar las energías ying y yang, nuestras polaridades masculinas y femeninas logrando mayor conexión con nosotros mismos al construir nuestros deseos.
No se concibe el mundo material separado del espiritual.
Se amplifican la conexión con los niños y los animales.
El cuerpo físico y la mirada se van transformando, logrando irradiar cada vez mas paz, amor y tranquilidad.
Viven sus dones como algo natural y no como algo fenomenológico por lo que se puede perder el valor de sus cualidades pues los dones están tan integrados ya, que se manejan como algo natural, pensando que “todo mundo manifiesta el mismo don”. Muchos Maestros pierden la noción de lo importante que es transmitir su conocimiento y sabiduría por pensar que no se tiene nada importante que aportar, pues ya no se percibe su sabiduría como algo único, sino como algo “normal que está integrado en todos”.

Extraído del taller "2012 - El Despertar Sagrado" de http://www.rutasdelalma.com/

martes, 17 de abril de 2012

EL PROCESO DEL INICIO DEL DESPERTAR



Cuando iniciamos nuestro proceso de despertar, podemos sentirnos diferentes a los demás, comienzan a agudizarse ciertas intolerancias a eso que consideramos formas de vida de baja vibración, podemos hacer juicios muy fuertes hacia la gente que nos rodea y desear no involucrarnos con nada que no sea afín a nosotros. Podremos notar como las cosas que antes disfrutábamos, ahora nos molestan, como los programas de televisión, la influencia de la moda, las platicas vacías e intrascendentes, pues nuestras prioridades comienzan a cambiar y buscamos la transcendencia y la perfección, esto nos orillará a vivir en soledad por falta de compatibilidad con la gente de nuestro entorno. Si encontramos un ambiente donde seamos validados, nos expresaremos abiertamente, si sentimos que no es así, entonces nos cerraremos herméticamente hasta volvernos introvertidos.

Esta soledad e introversión será el campo propicio para experimentar mayores niveles de creatividad y nuestra conexión con lo Divino, pues veremos cómo nuestra conexión con la Fuente, nos llena de inspiración.

En la medida en que vamos avanzando, vamos cuestionando las estructuras que nos sostienen, por lo que dejamos de contentarnos con la información que vemos o que leemos pues si bien, antes aceptábamos ciegamente lo escrito en libros o periódicos, ahora comenzamos a cuestionarnos todo, investigar y sacar nuestras propias conclusiones. DEJAMOS DE SEGUIR A LA MASA PARA SEGUIRNOS A NOSOTROS MISMOS desde una punto mucho más reflexivo, crítico e introspectivo. Esta misma actitud hace que sea difícil que sigan órdenes si éstas no tienen sentido o son coherentes, es justo en este momento donde comenzamos a romper nuestros propios esquemas, comenzamos a darnos cuenta que el propósito no es adaptarnos a un ambiente que no es adecuado para nosotros, sino que podemos crearnos un ambiente en donde nos sintamos cómodos y podamos expandir nuestro campo de acción.

El ser humano dormido, vive inmerso en un letargo que oscila entre la apatía, indiferencia, desánimo o depresión profundas, aún sin darse cuenta, puede vivir bajo esta energía creyéndolo normal. En cuanto comienza su proceso de despertar, su ser interior comienza a elevar la frecuencia, llevándolo de la depresión a la ira. Comienza a darse cuenta de las formas en la que está sometido a una vida que no desea, comienza a ver las diversas formas de manipulación a la cuál ha sido sujeto por parte de su entorno y esto comienza a generar ira o rabia. Es parte del proceso y es necesario pues es la energía que se requiere para romper con los esquemas que el atan.

Comenzamos a tener problemas en nuestras relaciones pues ya no coincidimos en las viejas formas de relacionarse, comenzamos a separarnos del entorno. Este proceso es necesario pues de alguna forma, dejamos de seguir a la masa para seguirnos a nosotros mismos. Posteriormente tendremos que realizar un camino de regreso en donde nuevas comprensiones nos dejarán ver que somos parte del todo y la solución no es la división o fragmentación sino el sentido de UNIDAD.

En esta primera fase, llevaremos los primeros enfrentamientos con nuestra realidad, es en donde comenzaremos a ver todo aquello que hemos permitido en nuestra vida y que nos afecta, tomando por primera vez, el sentido de RESPONSABILIDAD. Desde este punto, nos convertimos en guerreros, para destruir todo aquello que nos ha encarcelado a una vida que no queremos, lo que nos resta valor, lo que nos resta dignidad, lo que nos aleja de nuestra verdad, para dar paso a nuevas formas de relacionarnos, mucho más respetuosas y en amor. Desde este punto ciframos nuestra fortaleza en base a la ira, es necesario para defendernos y romper ataduras, para establecer límites, para encontrar nuestra INVIDIDUALIDAD en un mundo que busca uniformar y negar la manifestación de la individualidad de cada quien.

En esta etapa nos salimos del entorno, probando nuestros límites físicos, emocionales y mentales.

Esta etapa trae grandes aprendizajes y desafíos para los guerreros de Luz, pues representa la búsqueda de nuestra identidad, realizamos una limpieza profunda de nuestra consciencia para entrar posteriormente al proceso de expandir nuestra consciencia.

Extraído del taller "2012 - El Despertar Sagrado" de http://www.rutasdelalma.com/

domingo, 5 de febrero de 2012

UN CIERTO SILENCIO


Lo que quiero ahora
Magazine | 19/01/2012
Por Ángeles Caso

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sana que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

jueves, 2 de junio de 2011

RELIGANDO

Como si fuese un capullo que ciega toda la luz, las catástrofes naturales nos envuelven en el dolor, causando miedo, caos e incertidumbre. Lágrimas y lamentos parecerían anunciar que el fin se aproxima. Lo mismo sucede con la oruga cuando comienza su metamorfosis: Siente que se acerca su hora, cree que morirá, desconoce que dejará de arrastrarse para volar por la vida desplegando sus hermosas alas. Confiá. La transformación se acelera. Esta es la gran prueba.

Desde la perspectiva de la razón, puede que parezca una burla del destino que a lo largo de tu camino se te haya reclamado que rompas la armadura y te abras a tu mundo interior cuando las señales indican que comienza la etapa crítica en donde habría que escudarse para no ser lastimado. No existen los errores. Nadie te engañó. Diste los pasos correctos siguiendo tu sabia voz interior, ahora tenés que seguir confiando en la luz de tu corazón. La fe es tu mejor aliada.

Estar centrado en el corazón te permitirá ver más allá del temor. Sabrás que en lo que otros llaman desgracia habita la gracia que nos hace más humanos. Allí donde tu mente vea caos, tu corazón verá el esperado cambio que nos conmueve y eleva. Comprobarás que no existen las fronteras, sino el amor en acción revelándose en campañas solidarias, actos heroicos, gestos nobles y manos hermanas que se entrelazan para engendrar un cálido entramado luminoso.

Todo está cambiando su nivel vibratorio. Ya nada será igual. Aunque las noticias sostengan lo contrario, no temas. Permanece en luz, en armonía. No hay muertos que llorar, sólo espíritus que celebrar por haber tenido el inmenso valor de animarse a vivir esta fantástica experiencia humana de religar el cielo y la Tierra. Nada muere, todo se transforma. Simplemente debemos abrirnos y no resistir los cambios que están ayudando al florecimiento de la nueva humanidad.

Por más que te sientas fatigado persistí confiando, perdurá amando. Abrí aún más tu corazón. Con la agitación externa reconoceremos si la paz era interna o se debía a un entorno calmo. Somos orugas viviendo la transmutación que nos hará renacer en la luz de la consciencia. La gran prueba consiste en continuar con fe, por el camino del amor, aceptando lo que suceda porque todo, absolutamente todo, nos ayuda a sensibilizarnos, humanizarnos y evolucionar.
Julio Andrés Pagano