jueves, 12 de julio de 2012

EL ODIO EN NUESTRAS RELACIONES



Cuando la virtud de la paciencia está presente en nuestra mente, es imposible que nos gobiernen los malos pensamientos. Gueshe Kelsang Gyatso.


El odio destruye nuestras relaciones con los demás. Cuando convivimos con una persona, a menudo nuestra personalidad, intereses, prioridades y costumbres entran en contradicción con los suyos. Puesto que pasamos la mayor parte del tiempo juntos y conocemos sus defectos, resulta fácil criticarla, enfadarnos con ella por el menor motivo y culparla de hacernos la vida insoportable. Si no nos esforzamos por controlar nuestro enfado en cuanto surja, nuestra relación se deteriorará. Aunque dos personas estén enamoradas, si se enfadan con frecuencia, sus momentos de felicidad irán disminuyendo. Finalmente, llegará un momento en que antes de terminar una discusión, estarán empezando otra. Como una flor rodeada de malas hierbas, es imposible que el amor sobreviva en estas condiciones.


En una relación de pareja, todos los días tenemos motivos para enfadarnos. Por lo tanto, para evitar el resentimiento, debemos controlar el enfado en cuanto surja en nuestra mente. Después de cada comida, fregamos los platos sin esperar a que termine el mes, puesto que no queremos vivir en una casa desordenada ni tener que hacer al final un enorme trabajo. De igual modo, debemos esforzarnos por limpiar la suciedad de nuestra mente lo antes posible, porque si permitimos que se acumule, nos resultará cada vez más difícil hacerlo y pondremos en peligro nuestra relación.

 Debemos recordar que cualquier situación en la que vayamos a enfadarnos es también una oportunidad para practicar la paciencia. Además, una relación llena de dificultades nos ofrece la posibilidad de eliminar la estimación propia y el aferramiento propio, las causas verdaderas de todos nuestros sufrimientos. Si ponemos en práctica las enseñanzas sobre la paciencia, podremos transformar nuestras relaciones en oportunidades para el desarrollo espiritual.

Con el odio convertimos a los demás en nuestros enemigos. Existe la idea generalizada de que el enfado surge cuando nos encontramos con una persona que nos desagrada, pero en realidad es nuestro propio odio el que transforma a esa persona en nuestro enemigo. El que tiene tendencia a enfadarse vive en un mundo dominado por la paranoia y siente que todos son sus enemigos. La falsa creencia de que los demás lo odian puede incluso causarle la locura, y convertirse así en víctima de sus propios engaños.
Facilitado por: http://sarvavita.com/

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