miércoles, 16 de marzo de 2011

ENTREVISTA A EDUARDO PUNSET

Es el máximo gurú de la divulgación científica en España. Uno de los artífices de que la ciencia poco a poco tome posiciones en la cultura popular. Eduardo Punset (Barcelona, 1936) pone a la altura del ciudadano de a pie la neurología, la física cuántica, la oncología, la astronomía... Todo un logro en un país que arrastra la ciencia como una asignatura pendiente desde hace siglos. 
Sus libros, aparte de su programa Redes en La 2, son la herramienta con la que cala en el inconsciente colectivo de los españolitos. Un ramillete de títulos suyos viene copando los primeros puestos de los libros más vendidos desde hace años: El viaje a la felicidad El viaje al amorEl viaje al poder de la mente... Ahora llega a las librerías con Excusas para no pensar (Destino), una compilación de sus artículos publicados en prensa. La tesis central es la excesiva comodidad del cerebro, un órgano -vago- al que culpa de nuestras dificultades para cambiar, por ejemplo, de opinión. Ya lo dijo Einstein: "Es más fácil descomponer un átomo que eliminar un prejuicio". 

Pregunta.- Dedica este libro a las personas que han descubierto que hay vida antes de la muerte. ¿Es que tiene mérito eso? 
Respuesta.- Es que es la antítesis de la historia de la evolución humana. No hace mucho la gente tenía una esperanza de vida que era un tercio de la que tenemos ahora. No tenían entonces mucho tiempo para pensar y cuando lo hacían pensaban en qué sucedería después de la muerte. Ahora vivimos un momento álgido en la historia de la evolución gracias irrupción de la ciencia en la cultura popular. La ciencia está poniendo fin a la batalla incesante entre los que no tienen nada, por un lado, y los que tienen algo y se aferran a ello agresividad. La ciencia permite que esa pugna no siga. 

P.- ¿Cuáles son la excusas más habituales que se busca la gente para no pensar? 
R.- La gente, y más concretamente su cerebro, no quiere cambiar de opinión. Es lógico porque eso supone rediseñar por completo la estructura defensiva. Y cómo les podemos convencer de la necesidad de cambiar. Yo a mis nietas le pongo el ejemplo del agua, que en el congelador se solidifica y sobre el fuego se convierte en gas. Si hasta la estructura de la materia cambia, ¿cómo no vamos a cambiar de opinión? Es el cambio más necesario de todo, pero la gente considera una traición asimismo y a lo heredado cambiar de opinión

P.- Por eso decía Einstein que es más fácil descomponer un átomo que eliminar un prejuicio... 
R.- Claro, ahora los neurólogos han descubierto las disonancias, que demuestran no sólo la negativa del cerebro a reconsiderar una opinión, sino que se inhibe para evitar siquiera tener que considerarlo. Es como una valla que se pone a la información para que no le llegue al cerebro. 

P.- Afirma que las decisiones conscientes son una ilusión: nuestras neuronas (inconsciente) siempre deciden primero. 
R.- Sí, lo demuestra un estudio reciente: cuando cree haber tomado una decisión, sus neuronas ya lo habían hecho unos diez segundos antes. Antes de este descubrimiento ya conocíamos el espacio irrisorio que ocupa el pensamiento racional comparado con el ingente espacio que cubre el inconsciente. La conclusión es que debemos confiar en nuestras intuiciones. El inconsciente es una fuente tan válida de conocimiento como la razón. El inconsciente desarrolla procesos cognitivos tan complejos como el pensamiento racional. Yo ya me fío más de él que de la razón.. 

P.- Entonces ¿el inconsciente pesa más que la voluntad a la hora de tomar una decisión? 
R.- Sin lugar a dudas. Nosotros ahora sabemos es que estamos programados genética y cerebralmente pero también que somos únicos, porque la propia experiencia personal incide en nuestra estructura cerebral. Podemos cambiar el cerebro con la experiencia. 

P.- ¿Es el cerebro un órgano comodón? ¿Cómo podemos estimularlo? 
R.- Los neurólogos se dividen en dos opiniones. Los hay que consideran al cerebro como el órgano más perfecto de todos y luego están también a los que le parece una chapuza. Lo que es cierto es que no sabíamos nada de él, porque está escondido y sólo atiende a mensajes codificados. También sabemos que ante un mismo desafío cada persona reacciona de forma diferente. Deben darse tres principios para que el cerebro se movilice. La primera es que haya un cierto grado de desasosiego e inquietud, es decir, que nos estemos jugando algo. Y lo segundo es aceptar que en la educación del futuro el aprendizaje emocional debe ser un requisito esencial

P.- También afirma que la inteligencia no es una cualidad inherente a los humanos. ¿Los hay que carecen de ella?
R.- Eso nos lo han descubierto primatólogos y neurólogos que han estudiado muy a fondo el comportamiento de los grandes simios. La inteligencia no es un atributo exclusivo de los seres humanos, también la pueden tener otros animales. La inteligencia entraña disponer de una cierta flexibilidad, capacidad de representación mental de situaciones y una cierta complejidad. Un perro puede tener esa flexibilidad y un humano no, igual puede ocurrir con la capacidad de predicción que dimana de la capacidad de representar mentalmente situaciones. 

P.- Y, en su opinión, los hombres nos comportamos a lo largo de toda la vida como si tuviéramos 12 años. ¿Eso es incapacidad de madurar? 
R.- El infantilismo es más persistente en el hombre que en las mujeres. ¿A qué conduce esta particularidad? Habrá qué verlo. Lo que es evidente es que este espíritu infantil, jocoso a veces, se da más en el hombre. 

P.- Esto le encantará escucharlo a las mujeres. Les hará sentirse superiores... 
R.- Bueno, no... Depende de cómo valoremos ese infantilismo. Los niños tienen mayor pureza y una mentalidad más abierta. En la educación está probado que es a partir de cierto momento cuando encorsetamos nuestro pensamiento. 

Desconozco donde ha aparecido publicada esta entrevista, me ha llegado vía mail. 

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